De cómo tratar el botellón y otras desviaciones anarquistas
Lanzarote informa:
¡Salmantinos!
Me he despertado esta mañana lluviosa de diciembre y voy a tener en bien escribiros algo, para que os culturicéis y esas cosas. Voy a hablaros, mis estimados votantes, de uno de mis logros pasados, de cómo yo con la ayuda de mis inestimables amigos hosteleros me cargué las fiestas universitarias de la universidad, ese nido de rojos y sociatas desagradecidos.
Hará un par de añitos ya, ¡qué recuerdos! ¡qué bien lo hicimos! aprovechando que por San Alberto, séase, por las fiestas de ciencias y químicas y de esos que estudian los animales, los biólogos, se montó una fiesta de gente haciendo botellón (de ese tipo de gente que no tiene dinero para pagarse los whiskis en el Casino de Salamanca, como dios manda), se montó la que se solía montar, gente bebiendo por la mañana junto a Salas Bajas, sitio donde cada uno se llevaba su bebida (figúrate qué ruina para los hosteleros, qué desgracia), y por la tarde, ahora ya sí, iban a beber a los establecimientos, que para eso están.
El problema es esa mañana, ese festival de bebida barata, de consumiciones no remuneradas para los hosteleros, ése dinero que se nos va de las manos, miles y miles de euros que no recaudamos. Y esa es una pérdida que no nos podemos permitir, se empieza por hacer botellón y al final, quien sabe, ¡lo mismo votan al señor-pan-sin-sal del PSOE! Obviamente, tenía que hacer algo para que estas pobres almas descarriadas volvieran a la buena senda. Y ya lo creo que lo hice.
Mis muy estimados amigos de la prensa local al día siguiente, le dedicaron portadas, editoriales y varias páginas interiores a lo sucedido por la tarde (sí, amigos, ¡por la tarde!), en los alrededores de la plaza de San Justo (esa que ha sido bendecida recientemente por mí al eliminar esos arbolitos que la afeaban), donde tanta gente armó un alboroto considerable y se causó molestias a los vecinos de la zona. ¡Había que hacer algo! ¡Era inadmisible! ¡Eso no se podía repetir! ¡Esa desoladora esa imagen de carritos de la compra abandonados en Salas Bajas! ¡Qué despropósito!
Y, me dije yo, como buen salmantino que soy (de los que ya quedamos pocos), ¿qué hacer para remediar los desastres que han ocurrido por la tarde? ¡Muy fácil! La gente que quiera beber por la mañana, los llevaremos a un recinto cerrado como la Sindical (ahora los vecinos se quejan, quizá los metamos en algún sitio cubierto y cobren entrada, me lo estoy pensando...), donde podamos controlar que no se introduzca bebida, y dentro venderemos el vaso de medio litro de calimocho (aguachirli para los que sabemos lo que es) a dos euros y medio y, ¡Voilá! ¡Problema solucionado! Seguro que con esto ya no habrá problemas en San Justo, ¡todos salimos ganando! Yo despliego a los chicos de lmi policía municipal para poner multas y recaudar a costa de todos aquellos que intenten hacer botellón, los hosteleros se forran con coste mínimo, y los universitarios cuidarán más de su hígado porque seguro que no consiguen beber más de un par de vasos del brebaje que les echan. Si es que soy como un buen padre de mis conciudadanos, les alejo de la senda oscura de la izquierda para llevarlos por la limpia y bella senda del consumismo. Ya les tuve que parar los pies cuando quisieron hacer una "huelga de bares" porque había hosteleros que les intentaban poner las riendas.
Algún día, me lo agradecerán, vaya si lo sé. Por ahora se limitan a agradecérmelo mis amigos hosteleros, pero todo llegará.
Y por cierto, no vayan a pensarse ustedes que yo estoy en contra de que se beba. Que si me lo dice un empresario y paga, yo le monto la Gran Fiesta de la Cerveza y le dejo estar de okupa 3 semanas en unas instalaciones deportivas municipales, con la gente gastándose su dinerito y con mis hosteleros bien presentes, que ya sufren bastante para tener ganancias con lo de tener que tirar de garrafón. Y lo de que las instalaciones no se pudieron usar durante ese tiempo, etc... no hagan caso, infundios comunistas.
He hablado.

