El voto de los válidos
Lanzarote informa:
¡Salmantinos!
Me han informado de que se han sucedido en mi ciudad el jueves pasado unas elecciones (y dale con estas tonterías de volver a preguntar quién debería ocupar un puesto habiendo ya alguien), para el cargo de rector o algo así, que viene a ser como el alcalde, pero en la Universidad. Normalmente tengo una política de tolerancia cero y de hacer caso menos uno hacia todo lo que venga de ése gruta de brujos estirados, de charlatanes de bata blanca y de parásitos fumadores de yerba y sustancias piscotrópicas que pasan las horas muertas tirados en Anaya o en algún aula escuchando sermones infumables recitados en prosa por algún iluminado predicador de la falsa verdad de la inteligencia; de éstos nunca hago caso, pero ésta vez hay algo suyo que sí me parece útil.
Y es que a la hora de votar, no todos cuentan igual, no es lo mismo un doctor que un estudiante que un conserje. Y tiene narices que sea la Universidad la que me pase la mano por la cara en este tema, ¡maldita sea! ¡Debería de ser igual en elecciones municipales! Y yo lo digo por el bien de la ciudad, por el bien del destino de ésta ciudad, para evitar esa desgracia en cieres que podría llegar a ser la irrupción del socialismo masónico en el ayuntamiento, lo que podría llegar a ser una pérdida de la mayoría absoluta y del control del municipio por parte de mi partido y de mi persona. ¡Sería catastrófico! Yo no me pregunto si tirarían abajo la catedral, yo sólo me preguntaría cuánto tardarían en hacerlo. Todos sabemos que se formarían piquetes revolucionarios que harían barricadas por toda la ciudad para cobrar peajes a los coches, a los peatones y declararían al burro como "medio de transporte ecológico" que sustituiría a los autobuses, tan ecoestúpidos que son ellos. También doy por hecho que las huestes de Pablos harían huelgas, mandarían okupas a vivir en todo edificio vacío de la ciudad (desde iglesias y polideportivos hasta chalets abandonados en el Paseo de la Estación). Sería la destrucción de Salamanca tal y como la conocemos hoy día.
Por eso yo propongo y se lo pienso decir en la próxima carta a zetapé, que en mi ciudad se nombre un consejo de válidos, de ciudadanos o de no-idiotas que esté integrado por mi persona, los concejales del equipo de gobierno local, por un representante del alcalde honorífico de la ciudad, uno o varios representantes de la Cámara de comercio de la ciudad, de las cofradías, otros tantos de la asociación de hosteleros, de los medios de comunicación decentes de la ciudad (Gaceta y Tribuna, claro está), algún otro representante de los constructores, y quizá alguna otra persona de solvencia intelectual reconocida y adecuada. Ese conjunto de personas tendría un voto ponderado, es decir, un voto que valiese más que el de resto de ciudadanos, ya que dejar lo importante en manos de unos pocos nos asegura el futuro a la gente más importante de la ciudad. Hay temas sobre los que no todos deberían poder opinar, que sino cualquier día la gente puede cometer una irresponsabilidad y elegir un alcalde rojo. Hasta ahí podríamos llegar.
He hablado.

