Lanzarote informa:
¡Salmantinos!
Sí, lo sé. Quizá alguno de vosotros, situado entre lo leal, bueno y sereno que me aplaude; y lo malo, cobarde y triste que me aborrece, se haya tomado la molestia de antes de lanzar pétalos de flores a mi paso o de rebuznar al sentir mi presencia, de darse cuenta de que hace algunos días que no escribo por aquí. ¡Y qué! ¡Que soy el Alcalde leñe! ¡Y si el Alcalde no escribe, pues hay que ser lo suficientemente bienpensante como para creer que estará haciendo algo por nosotros que no puede venir!
Pero por si acaso esto lo leen los niños también, qué menos que dedicarles unas líneas. Hagámoslo por los niños. Como las navidades, hagámoslas por los niños. Así que vamos a instruirles un poco en buenos hábitos, costumbres e idiosincrasia de ésta, mi ciudad.
El otro día estaba yo navega que te navega por internet cuando fui a dar con una enciclopedia digital, muy culta y versada en muchos temas, y busqué el artículo de mi ciudad. Me veo en la obligación de comentarlo, al ver que con tanto acierto destripa las líneas maestras que rigen la vida de mi villa. Acierta en la descripción del tráfico, pero eso no es menester de mi atención. Veo con sorpresa y desagrado que algún comunista asilvestrado le ha metido mano, diciendo falacias de mí, de que si yo someto las cosas a votación, como si estuviese sometido al arbitraje de los ciudadanos, ¡semejante falta de respeto! ¡Pero de qué van! ¡Que yo no dejo de ser el alcalde de esta ciudad en internet, demonios!
Pero yendo ya al grano, la parte más interesante de tan versado artículo (a pesar de la nefasta aportación del socialismo bolchevique), es la de la población. Aquí ya empezamos haciendo las cosas bien, como a mí me gusta: diferenciando entre buenos y malos. ¡Se nota la buena mano hacedora detrás! Que se note el Espíritu de los Bandos que gobierna esta ciudad, aquí no se puede ser neutral, o moro o cristiano, o JOVEN o VIEJO.
Vemos por un lado el perfil de Los Viejos, personas a todas luces observadoras, que si miran cómo hacen las obras no es por curiosidad, sino para aconsejar a un arquitecto falto de inspiración cómo deberían de levantarse las paredes, que seguro que necesita que alguien le diga como hacerlo. Y los viejos son gente limpia y pulcra, además de sana, que por eso van a la farmacia, a comprar cosas decentes que les cuiden, no como esos ociosos jovencitos, que sólo van para comprar globitos de colores para sus bacanales, orgías y fiestas universitarias.
Estos jóvenes, jovencitos, jovencicos que dirían algunos, ignorantes de la vida que diríamos otros, que no saben ni quieren saber de qué va la cosa y no se quieren dejar aconsejar ni dirigir por los que sí sabemos de ésto (la gente de bien como yo), que prefieren vivir hacinados en pisos de estudiantes en vez de comprar un apartamento con hipoteca a 30 años (está visto que no asentarán nunca la cabeza a ése paso), que prefieren seguir la senda del alcohol a la del esforzado estudio (¿tú conoces a alguien que beba y sea capaz de aprobar? ¡Por favor, a ver sino para qué están los locales de copas de ésta ciudad!), que incluso los hay que prefieren ir a escuchar a profesores, a universitatos y a energúmenos que hablan de cosas incomprensibles en la universidad que ir a escuchar una lección magistral mia a la sesión plenaria del ayuntamiento, éstos, son los otros. Los malos. Los que no saben. Los que votan rojo, los que no me votan a mí. ¡ésta es la mala hierba que tenemos que extirpar!
Es en este punto cuando dice la versada enciclopedia:
Tras muchos años parece que los viejos están derrotando definitivamente a los jóvenes. Han organizado un ataque a tres bandas, primero acabaron con cualquier puesto de trabajo cualificado que hubiese en la ciudad, después consiguieron subir el precio de la vivienda lo suficiente como para que ningún jóven pudiera comprase una casa y por último remataron prohibiendo los botellones.
Así poco a poco la ciudad se queda inexorablemente sin jóvenes y los viejos lograrán el paraíso terrenal (se estima que eso ocurrirá cuando la edad media de la ciudad ronde los 70 años).
¡Ajajá! ¡Hábil lector, tú también te habías dado cuenta e! ¡Uno se siente orgulloso de que le sepan describir así el trabajo bien hecho! ¡Con esto ya hemos conseguido asegurar el futuro de Salamanca, que será nuestro futuro, indisolublemente ligados ya! ¡NO habrá quien nos pueda ya, tras esto! ¡Conseguiremos ser la Legión Invencible! ¡Esa mayoría inexpugnable de gente mayor que me vota sin cuestionarse tonterías como lo que uno pueda hacer a lo largo de la legislatura en el cargo! Quién necesita a los jóvenes, si así podremos tener la mayoría. ¿Eh? Jóvenes, ¿pa qué? Con que vengan estudiantes de fuera, que no votan y salen mucho a beber, vamos que nos matamos de jóvenes en esta ciudad. Y con eso, a mi me sobra.
Hay quien dice que el que a los 20 años no es de izquierdas no tiene corazón, y el que después de los cuarenta sigue siendo de izquierdas no tiene cabeza. Ahí está la clave para quien no haya entendido esto, amigos míos. Si la mayoría de la gente es de más de 40 años, más fácil me será ganar a mi, sin tanto chavalín despendolado votando mal por ser un bobo que vota en rebeldía contra su alcalde, contra mí. Aunque esta frase que yo tomo como una verdad absoluta (ya sabéis, la enmarco en el sector de El Bien), me deja una duda: ¿La gente de Nuevas Generaciones serán advenedizos, sobreactúan, o no tienen corazón? No sé no sé, algo falla con esos chicos...
He hablado.
Comentarios Recientes
A MAMARLA!!!
Ésto sí