02/01/2007

Entrada y salida de año

Lanzarote informa:

¡Salmantinos!

Estamos en un nuevo año y la mayoría de vosotros habéis sido lo suficientemente engreídos como para no tener la decencia de mandarme una felicitación a mí, a la máxima autoridad a la que le debéis obedencia en ésta mi ciudad, así que no debería de escribiros, que ésto yo lo hago por vosotros. Pero mi ego tiene que expresarse por alguna vía, y no tiene la paciencia suficiente de aguardar hasta el próximo pleno municipal.

El otro día han acontecido unos hechos en el ayuntamiento dignos de todo mi desprecio, la plaga sociata que ha enraizado en el ayuntamiento ha alzado la palabra (ha rebuznado con acento de burro catalán, en definitiva), para que les votásemos a favor (éstos aún no han aprendido), una proposición para restablecer no sé qué leches de este tipo que murió a tiempo para evitar ser fusilado (podrían aprender otros). ¡Como si después de haber ganado la guerra tuviéramos que someternos a humillaciones de éste calibre! ¡Quién se habrán creído que son! Obviamente y sin necesidad de atender a sus pusilánimes vocecillas, la respuesta fue un claro, rotundo y contundente NO. Y de paso y aprovechando que los tenía a todos los sociatas delante, para repateárselo por la cara nos dedicamos a aprobar una moción sobre mi archivo, ¡para que aprendan quién manda aquí! El lugar de Unamuno está en el cementerio, bien muerto y enterrado, y que no de guerra que se le incineran los restos, y punto. Aquí no hay ni habrá restablecimiento que valga, que se empieza con esto y lo siguiente ya es la comuna troskista, el desmembramiento de España y de parte del extranjero y la dictadura bolchevique.

Esta moción tuvo que ser, mira tú qué tontería, un par de días antes del acto folclórico-político-festivo de ir a la estatua de éste antipatriota, antiespañol y antisalmantino del Unamuno, esa bazofia que nos importaron desde Bilbao, utilizando a Salamanca de vertedero ideológico del país, aprovechándose de nosotros para lo que quieren. Porque dejemos claro quién fue éste tipo para mí, fue un soplagaitas, un tipo sin juicio ni beneficio que se dedicaba a escribir sin más, a redactar tonterías y a editar panfletos pseudofilosóficos y revolucionarios izquierdistas, fue un mal español que no supo amar a su país como debe de ser amado, con amor verdadero como el mío, que es la única forma legítima de querer a éste país (y todas las demás son las de los traidores, los izquierdosos, los comunistas y los apátridas), y fue sobretodo un tipo que tuvo la desvergüenza absoluta de desautorizar a un militar (esencia misma de la forma correcta de entender el país), un verdadero patriota y una figura del más grande movimiento nacional del siglo pasado, Millán Astray, amigo personal del mismísimo Francisco Franco, nuestro caudillo.

El caso es que tuve que ir allí a hacer el paripé un rato como quien dice, como tantas otras veces, a aguantar a la miembra de mi partido que tiene asignada la diputación provincial hablando sobre el impresentable éste. E igual que las moscas van a la mierda, tuvieron que aparecer esa triste banda de exaltados rojos en paro a vocear (entiéndase que la mierda es Unamuno), diciéndome a mí que si soy un déspota. Hay quien aquí no ha entendido algunos conceptos, la ciudad está gobernada por mí, yo mando en ella, no es que sea déspota, es que ejerzo mi poder, y mi poder en estas circustancias no responde a ninguna autoridad más que a mí mismo, a los principios del movimiento nacional (oficialmente no vigentes, pero uno tiene su moralidad de juventud intacta), a las directrices del pepé y a Dios salvo conflicto inmobiliario. No es despotismo, es voluntad, la mía para ser exactos. Ninguna más. A los Bandos me remito por si quedaba alguna duda.

Como estamos en Navidad no quise tener que ir a darle dos ostias a cada uno de esos agitadores, ni pedí tampoco, en un gesto de clemencia por mi parte, a mis guardias locales que les metieran un porrazo que les abrieran el cráneo. Que griten, que yo tengo el poder. que chillen como cerdos en el matadero, que contra mí nada podrán. Que rujan como leones enjaulados, que sólo yo soy quien corta el bacalao en esta ciudad. ¡Bacalao! Algo se me habrá pegado de todos esos lusos (de Lusitania, que suelen llamarse Luis vamos), que han venido aquí de cotillón a gastarse dinero en nuestros locales. Si es que estamos internacionalizando la causa, como dirían algunos.

Hasta otro día que ya vuelva por aquí, que contento me tenéis todos... No hago un balance del año porque ya sabéis que me va a ser positivo, así que dejaré que lo haga el Tribuna, que seguro que lo sabe explicar bien.

He hablado.

Posted by El cacique de Salamanca at 01:12:35 | Permanent Link | Comments (1) |